RESURGIR | Día 20 | Encuentros comunes (1ra parte)

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Considero que la mayoría de nosotros tiene un hambre de lo sagrado y lo sobrenatural. Pero muchas veces despreciamos lo común sin darnos cuenta que, es en esos detalles cotidianos cuando Dios hace sus mejores apariciones.

Eclesiastés 3:11 (NTV) nos dice que Dios sembró la eternidad en el corazón humano…” y por nuestros limites naturales no alcanzamos a comprender todo pero es innegable que algo dentro de nosotros nos dice que nacimos para algo más que solo nacer, crecer, trabajar, pagar deudas, tener familia y esperar la muerte. Echemos de nuevo una mirada a lo que los 40 días siguientes a la resurrección de Cristo tienen para nosotros. 

Después de esto Jesús se apareció de nuevo a sus discípulos, junto al lago de Tiberíades. Sucedió de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (al que apodaban el Gemelo), Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos discípulos.

—Me voy a pescar —dijo Simón Pedro.

—Nos vamos contigo —contestaron ellos.

Salieron, pues, de allí y se embarcaron, pero esa noche no pescaron nada.

Al despuntar el alba Jesús se hizo presente en la orilla, pero los discípulos no se dieron cuenta de que era él.

—Muchachos, ¿no tienen algo de comer? —les preguntó Jesús.

—No —respondieron ellos.

—Tiren la red a la derecha de la barca, y pescarán algo.

Así lo hicieron, y era tal la cantidad de pescados que ya no podían sacar la red.

—¡Es el Señor! —dijo a Pedro el discípulo a quien Jesús amaba.

Tan pronto como Simón Pedro le oyó decir: «Es el Señor», se puso la ropa, pues estaba semidesnudo, y se tiró al agua. Los otros discípulos lo siguieron en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban a escasos cien metros de la orilla. Al desembarcar, vieron unas brasas con un pescado encima, y un pan.

10 —Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar —les dijo Jesús.

11 Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la orilla la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió.

12 —Vengan a desayunar —les dijo Jesús.

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», porque sabían que era el Señor. 13 Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos, e hizo lo mismo con el pescado. 14 Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.

Juan 21:1-14 (NVI)

El apostol Juan en su relato de la resurrección nos deja claro que esta es la tercera ocasión en que Jesús se apareció a sus discípulos. Como hemos visto antes, las veces anteriores les había proporcionado paz a sus corazones atribulados, les había dado pruebas de que Él había regresado de la misma muerte al presentarles sus heridas. Vimos como ayudo a Tomas a creer y a los discípulos en el camino a Emaús, pero ahora va en búsqueda de otro de sus discípulos que necesitaba de una ayuda mas especifica ese es Pedro. Por hoy solo veremos la primer parte de este relato.

7 discípulos incluyendo Pedro se encontraban juntos hasta que el líder del grupo decide que haría lo que mejor sabia hacer: pescar. ¿Qué llenaría la mente de Pedro en esos momentos?

Las traiciones son actos que lastiman el alma de la persona que las comete y que mancha de  vergüenza el corazón del transgresor. Las últimas apariciones de Cristo seguramente habrían entusiasmado y maravillado a su amigo, pero ¿habrían sido suficientes para sanar y limpiar el alma del pescador? Jesús sabia que no, así que decide tener una aparición más y espera el momento adecuado para dejar muy claro que estaba vez la misión de Jesús era este hombre que un día dejo todo por seguirlo y no lo dejaría vivir con el remordimiento ni la culpa de lo que hizo. Así que esta tercera aparición Jesús determina que sea lo mas semejante posible al día en que Pedro decidió seguir al Maestro. Miremos aquel momento:

Cierto día, mientras Jesús predicaba en la orilla del mar de Galilea, grandes multitudes se abalanzaban sobre él para escuchar la palabra de Dios. Jesús notó dos barcas vacías en la orilla porque los pescadores las habían dejado mientras lavaban sus redes. Al subir a una de las barcas, Jesús le pidió a Simón, el dueño de la barca, que la empujara al agua. Luego se sentó en la barca y desde allí enseñaba a las multitudes.

Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón:

—Ahora ve a las aguas más profundas y echa tus redes para pescar.

—Maestro —respondió Simón—, hemos trabajado mucho durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero si tú lo dices, echaré las redes nuevamente.

Y esta vez las redes se llenaron de tantos peces ¡que comenzaron a romperse! Un grito de auxilio atrajo a los compañeros de la otra barca, y pronto las dos barcas estaban llenas de peces y a punto de hundirse.

Cuando Simón Pedro se dio cuenta de lo que había sucedido, cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo:

—Señor, por favor, aléjate de mí, soy demasiado pecador para estar cerca de ti.

Pues estaba muy asombrado por la cantidad de peces que habían sacado, al igual que los otros que estaban con él.10 Sus compañeros, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, también estaban asombrados.

Jesús respondió a Simón: «¡No tengas miedo! ¡De ahora en adelante, pescarás personas!». 11 Y, en cuanto llegaron a tierra firme, dejaron todo y siguieron a Jesús.

Lucas 5:1-11 (NTV)

Estas dos historias tienen algo en común: las dos sucedieron en un momentos ordinarios de la vida de Pedro.  Pedro era un pescador ¿Cuantos días de pesca habrían pasado antes de que el apóstol se encontrara con aquel que volvería su vida de cabeza? Pescar era su trabajo, y como todo trabajo tiene sus preocupaciones, su propio estrés. ¿Cuantos pescados sacamos hoy? ¿Podré pagar las cuentas de este mes? ¿Cómo pago a los empleados si no hay una buena pesca esta semana? Espero que no suban mas los impuestos estos romanos ladrones, etc y etc. Día tras día, la misma rutina, los mismos problemas. Creo que sabes de lo que hablo. Una vida ordinaria, preocupaciones comunes, días que parecen que no tienen nada de especial es algo que todos experimentamos.

El problema con esto es que podemos perdernos de la presencia de nuestro creador en los detalles que nos rodean. En las dos historias Jesucristo hace su aparición como un desconocido que le recomienda a Pedro pescar y que cuando “ lo hicieron, y era tal la cantidad de pescados que ya no podían sacar la red.” (Juan 21:6) Fue en ese intante que Jesús estaba allí, era la misma escena que Lucas nos comparte en su evangelio que termino en un Pedro reconociendo que era un pecador y que tres años atras estaba entrenando su vida a ese joven maestro de Galilea con escasos 30 años de edad.

La pesca milagrosa hizo que Pedro mirara a Jesus con otros ojos. Milagros suceden todo el tiempo, la pregunta es: ¿Somos conscientes de ellos? ¿Escuchamos sus mensajes que nos invitan a reconocer quienes somos y quien es el Señor?

Ayer pasaba tiempo un tiempo con mi único hijo, le llamamos el tiempo de padre e hijo y sabemos que es exclusivo de cosa de hombres. Video juegos, montar bicicleta, comer helados, reírnos de chistes malos. La tentación de seguir adelante con mi trabajo es mucha, siempre hay pendientes, proyectos por terminar, personas a quien llamar, almas que ayudar, sermones que preparar, planes por diseñar. Pero yo se cuan importante es ese tempo en mi relación con mi hijo.

Soy testigo de como nuestra relación se enriquece cuando de forma voluntaria y consciente busco acercarme a él y seguir construyendo nuestro vínculo familiar. Y es ahí donde no hay una pantalla que me distraiga, no contesto llamadas, ni hago nada de mi trabajo en su presencia. Todo mi tiempo, mi atención es para él es ese momento. Es ahí, donde soy testigo de los milagros. El milagro de estar frente a un ser humano que amo y me ama, el milagro de presenciar un regalo de Dios sonreírme y disfrutar de su confianza.

Son esos momentos donde estoy 100% presente donde puedo escuchar a Dios decirme creo en ti, vine hasta aquí por ti. Vuelve a intentarlo pero ahora conmigo en la barca, intenta de nuevo pero ahora de otra forma, yo estaré contigo. Por la simple y sencilla obediencia en momentos tan comunes y corrientes Pedro es recordado como uno de los principales personajes de la fe.

Jesús no llego a la vida de Pedro cuando él estaba orando en una montaña o después de un ayuno de 40 días. El pescador no había ofrendado todo la su ganancia de un mes, ni había hecho ninguna cosa a la que se le puede atribuir que merecía la presencia del único hijo de Dios en su vida. Peor aun, la segunda ocasión donde el milagro de la pesca que rupia las redes se dio en el momento mas bajo de la vida de este hombre: después de haber traicionado a la persona a la que le había prometido serle fiel hasta la muerte.

Cristo se apareció a Pedro en días ordinarios. Tuvo encuentros tan comunes que hubieran sido fácil poder pasarlos por alto si Jesús no hubiera intervenido para abrirle los ojos a este hombre de Galilea.

No permitas que lo habitual entierre la presencia más grandiosa de todas en tu vida.

La mayoría de nosotros quisiera que cosas asombrosas suceda en nuestra vida, olvidando que ya están ocurriendo y que solo necesitamos abrir los ojos a ellas.

Te invito a orar por tu trabajo, escuela, tu pareja, hijos, familiares, compañeros de trabajo, tu iglesia y cualquier cosa que se haya vuelto común y prepárate para mirar el milagro que Dios tiene para ti en esa vida ordinaria.

Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo,

Colosenses 3:23 (NVI)

No falten mañana para mirar lo que un encuentro común puede producir.

Bendiciones.

2 comentarios en “RESURGIR | Día 20 | Encuentros comunes (1ra parte)

  1. Gracias.. Aunque, perdí la señal directa, leyendo el mensaje completo, me ánimo mucho. Para tomar conciencia de las bendiciones , diarias.. Milagros en mi vida..Gracias, por dejar que Dios utilize tu vida..

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