Día 2.- Los amigos caminan juntos

Los amigos caminan juntos

 

Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque lo llevó Dios.

Génesis 5.24 (RVR95)

-¡Es que siempre que caminamos, él va delante de mí y a veces no me espera ni me da la mano! Era la amarga queja que hacia una esposa hablando de su esposo en una reunión de matrimonios. Aunque este comentario a simple vista pudiera ser insignificante para algunas personas, tiene una enseñanza muy profunda.

Para que la llama del amor pueda permanecer ardiente dentro del matrimonio se necesita intimidad, amistad, comunicación y compañía. Estos son aspectos de una relación que no se pueden comprar o exigir. Se necesitan experimentar cada día. No pueden esperar una fecha especial o un momento determinado. En una relación donde hay amor no necesitas que tu pareja sea tu guardaespaldas, o sea que camine detrás de ti; pero tampoco deseas que camine delate de ti como si solo fuera un guía turístico. Lo que queremos es que la persona que es objeto de nuestro amor camine a nuestro lado; que camine con nosotros. Eso nos da confianza, seguridad y protección. Además de que siempre tendremos cerca un hombro donde llorar, una mano que sostener cuando resbalamos por el camino y un corazón al que podemos sentir latir junto al nuestro. Lo mismo sucede en nuestro caminar con Dios.

 

Enoc “camino con Dios”

¿Qué significa esta afirmación tan sencilla y poderosa de la biblia? Cuando era un recién convertido, y escuchaba la frase “caminar con Dios”, inmediatamente pensaba en orar y leer mi biblia cada día y que eso era todo. ¿Esto es así? ¿Sera que una relación con Dios solo se limite a practicar estas dos cosas? Pero al leer otras versiones de la biblia para profundizar, me ayudaron a comprender mejor esta escritura.

Como obedecía a Dios en todo, ya no volvió a saberse de él porque Dios se lo llevó. Así que Henoc vivió trescientos sesenta y cinco años.

Génesis 5.24 (TLA)

“Como Henoc vivió de acuerdo con la voluntad de Dios, un día desapareció porque Dios se lo llevó.”

(Génesis 5.24, DHH)

“Obedecía a Dios en todo” y “vivió de acuerdo a la voluntad de Dios”, son dos de las maneras que el texto bíblico traduce: “Henoc camino con Dios”. El termino obediencia indica el proceso que conduce de escuchar atentamente a la acción.  Esto era lo que cada día Enoc hacia: convivía con Dios, platicaba con Él y cuando Dios le hablaba, Enoc escuchaba atentamente para después hacer todo lo que el Señor le había pedido.

Obedecer también implica la subordinación de nuestra voluntad a una autoridad. Hay muchísimas personas que la palabra subordinación les parece una ofensa o la entienden como algo negativo y que atenta contra su “libertad personal”. Pero esto es más fácil de entender y por consiguiente de vivir cuando nos damos cuenta que la subordinación es simplemente una relación entre dos personas, solo que una de ellas tiene mayor jerarquía y autoridad que la otra.

 

Solo un verdadero amigo de Dios puede entender esto sin ningún problema. Únicamente alguien que ha disfrutado de las bendiciones de la obediencia puede declarar abiertamente que está animado y alegre y que al mismo tiempo a subordinado todo su ser al creador del universo. Para lograr ser obediente de verdad es necesario someter y sujetar desde nuestros pensamientos más profundos hasta los sentimientos más fuertes a la voluntad de Dios que está en su Palabra.

Otro hombre que camino con Dios fue el apóstol Pablo, en sus propias palabras podemos darnos cuenta de sus convicciones acerca de este tema:

“Todo pensamiento humano lo sometemos a Cristo, para que lo obedezca a él,”

(2 Corintios 10.5, DHH)

En una ocasión a un cierto conductor con tendencia a la depresión y a los pensamientos negativos se le pincho una llanta de su automóvil en la carretera. Buscó en el maletero el gato para alzar el auto y, al no encontrarlo, miró a su alrededor y descubrió como a medio kilometro una casa de campo. Pensó: “Me acercare y pediré prestado un gato para poder cambiar la llanta.” A medida que se acercaba a la casa, por varias razones, se sentía cada vez peor. Primera, por no tener un gato; segunda, por tener que depender de la ayuda de otro. La estar cerca empezó a temer que le dirían que no y se enojó por la expectativa del rechazo.  A medida que se enojaba cada vez más por causa de sus necesidades insatisfechas de dependencia de otros, empezó a proyectar sobre el granjero la ira que sentía contra sí mismo por necesitar el gato y contra otros por haberle desilusionado. Cuando al fin llamó a la puerta de la casa y el granjero le abrió, el deprimido y negativo viajero gritó: “!Quédese con su gato!” Eso probablemente garantizaba que no recibiría ayuda, de manera que regresó por donde había venido, convencido de que no podía confiar ni depender de la gente.

¿Por qué es importante someter nuestros pensamientos a nuestro Señor? Porque de ellos depende la mayoría de las veces nuestro éxito o fracaso en la vida cristiana. Nuestras ideas y expectativas determinan los resultados de nuestra fe. Es impresionante la cantidad de personas que viven fracasadas, mediocres, negativas y depresivas; y todo comienza en la mente.

 

Un camino, un destino.

“Por su fe, Henoc fue llevado en vida para que no muriera, y ya no lo encontraron, porque Dios se lo había llevado. Y la Escritura dice que, antes de ser llevado, Henoc había agradado a Dios. Pero no es posible agradar a Dios sin tener fe, porque para acercarse a Dios, uno tiene que creer que existe y que recompensa a los que lo buscan.”

(Hebreos 11.5-6, DHH)

Caminar con Dios implica varias cosas.

  1. Dios camina. No es estático. Es dinámico. Participa activamente en la vida de su creación.

Una verdadera amistad, siempre será una que evoluciona a pesar del tiempo y la distancia.

  1. Presupone la existencia de un camino, un sendero.

“El Señor dice: “Mis ojos están puestos en ti. Yo te daré instrucciones, te daré consejos, te enseñaré el camino que debes seguir.”

(Salmos 32.8, DHH)

¿Cuál ese camino por el que Dios quiere que andemos?

“Que los sabios y prudentes entiendan este mensaje: Los caminos del Señor son rectos, y los justos los siguen; pero los malvados tropiezan en ellos.”

(Oseas 14.9, DHH)

Caminar con Dios implica mantener un estilo de vida recto y santo. Es por eso que la biblia recalca que Henoc había agradado a Dios. Y ¿cómo lo agrado? Llevando una vida santa, obediente y llena de fe. Dios es santo y Él no puede negarse a sí mismo, ni siquiera por amor a nosotros Él no puede eludir sus atributos ni su carácter. Para eso mando a Jesús a morir para lavar nuestros pecados en su sangre y de esta manera poder tener acceso a una relación con nuestro Padre celestial. Dios ya hizo todo lo que podía hacer para acercarnos a su corazón ¿Tú estás haciendo todo lo que puedes hacer para caminar con Él cada día hasta el final?

¿Qué debo hacer si no soy un cristiano y reconozco que no tengo una vida recta delante de Dios pero quiero caminar con Él?

“Que el malvado deje su camino, que el perverso deje sus ideas; vuélvanse al Señor, y él tendrá compasión de ustedes; vuélvanse a nuestro Dios, que es generoso para perdonar.”

(Isaías 55.7, DHH)

¿No te agradaría convertirte en amigo de Dios en lugar de estar contra él?

  1. Todo camino tiene un destino, un lugar donde llegar.

Si alguna vez te has preguntado ¿Por qué debo mantenerme fiel caminado con Dios todos los días? Esta es la respuesta:

“el que me ofrece su gratitud, me honra. ¡Yo salvo al que permanece en mi camino!””

(Salmos 50.23, DHH)

La salvación es el medio que Dios nos ha dado para poder estar con Él en la eternidad. C. S. Lewis hace un comentario al respecto de la importancia de pensar en el final del camino, cuando escribió: “Cuando leemos la historia descubrimos que los cristianos que hicieron más por este mundo fueron precisamente aquellos que pensaron más en el venidero. Pero después de que los cristianos empezaron a pensar menos en el otro mundo han cesado de ser tan efectivos en éste.”

En 1678 Juan Bunyan, escribió uno de las obras literarias más importantes de todos los tiempos (probablemente el libro más leído en lengua inglesa) “El progreso del peregrino”, en ella se relata de una manera sencilla y al mismo tiempo contundente y profunda el caminar de todo cristiano desde que decide seguir a Cristo hasta que llega a la meta de su fe: El cielo.

El siguiente párrafo es un fragmento de dicha obra y muestra que cuando nuestra mirada esta puesta en el final del camino, no solo podemos superar cualquier obstáculo para permanecer en él y llegar a la meta, sino que también ese camino y esa meta puede inspirarnos de tal manera como para crear obras maravillosas en este mundo.

“Cuando se iban acercando a la puerta, he aquí que una multitud de las huestes celestiales salieron a su encuentro, preguntando: —¿Quiénes son éstos y de dónde han venido.—Estos son—dijeron los Resplandecientes—, éstos son hombres que han amado a nuestro Señor cuando estaban en el mundo y que lo han dejado todo por su santo nombre; El nos ha enviado para traerlos aquí, y los hemos acompañado hasta este punto en su deseado viaje, para que entren y contemplen a su Redentor cara a cara con gran gozo—. Entonces las huestes celestiales dieron un grito de júbilo, y dijeron: —Bienaventurados los que son llamados a la cena del Cordero. Al oír esto los músicos del Rey rompieron con sus instrumentos en dulces melodías, que hacían resonar a los mismos cielos, y con voces y ademanes de júbilo, cantando y tocando sus trompetas, saludaban una y mil veces a los que venían del mundo. Unos se pusieron a la derecha, otros a la izquierda, delante y detrás, como para acompañarlos y escoltarlos por las regiones superiores, llenando los espacios con sonidos melodiosos en tonos altos, de manera que parecía que el mismo cielo había salido para recibirlos.

Era la marcha triunfal más hermosa que se pudo ver jamás.”

No hay nada mejor que caminar con Dios. ¡Disfrútalo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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